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Reflexiones de una mamá maestra

Poner atención y tomar la educación en serio

La atención actúa como el guardián de nuestro aprendizaje: el cerebro solo es capaz de procesar y retener aquello en lo que se enfoca genuinamente (Dehaene, 2019). Por ello, tanto docentes como padres de familia tenemos la responsabilidad de cultivar entornos que capturen y sostengan este recurso, apoyándonos en la novedad, la claridad y la relevancia del contenido. Sin atención, la información simplemente no logra echar raíces en la memoria de nuestros estudiantes e hijos.  Sin embargo, debemos de estar conscientes de lo que los recursos propios de la vida moderna han provocado en la capacidad de poner atención en las aulas.

Hendrick (2026) rescata la importancia que Simone Weil dio a la atención en la década de 1940, cuando planteó que la educación debía cultivar la atención  como una acto intencional del aprendiz en donde este decidía vencer su necesidad de distraerse para atender. «Requería suspender el ego, la impaciencia y el impulso de dominar y seguir adelante. La atención, en la formulación de Weil, era una especie de liberación; lo que ella describe como esperar, no buscar». (Hendrick, 2026)

En la actualidad, los docentes lamentan con frecuencia que los estudiantes poseen lapsos de atención cada vez más cortos. Su frustración aumenta al reconocer que la capacidad de atender no ha desaparecido en sus estudiantes, sino que ha sido secuestrada por plataformas digitales y juegos electrónicos (Hendrick, 2026). Algunos docentes, incluso, optan por el uso de videos cortos y reels para hacer el aprendizaje «atractivo», mientras se desecha lo que requiere concentración profunda. Habilidades fundamentales, como la lectura, han pasado de ser herramientas esenciales para aprender a ser vistas como un simple pasatiempo o una rareza.

Los adultos nacidos previo a la década de 1980 recordamos, casi como una broma, la época en que debíamos esperar pacientemente los cortes comerciales de la televisión para continuar viendo una película o una novela o que teníamos que esperar por un telegrama o una carta para saber de nuestros amigos. Según Hendrick (2026), ese «arte de esperar» alimentaba la persistencia necesaria para dominar una materia. Hoy existe la percepción de que los niños carecen de paciencia y persistencia.  Otros afirman que el cambio es generacional, ya que los más jóvenes han estado expuestos a estímulos con respuesta inmediata a través del internet y por ello ya no leemos manuales ni seguimos instrucciones, sino que buscamos la inmediatez.

El feed de las redes sociales es una arquitectura de elección diseñada para evitar la única opción que realmente importa para aprender: la decisión de detenerse, pensar y prestar atención. Bajo esta luz, la persona que se sienta con un libro, que atiende a un experto en una conferencia, presta atención a lo que el docente enseña está desertando de la necesidad compulsiva provocada por la arquitectura de las redes sociales (Hendrick, 2026) y, en otras palabras, toma la decisión deliberada de atender para aprender.

Entonces, ¿qué es lo que realmente está ocurriendo con este pilar del aprendizaje? ¿Qué están atendiendo o desatendiendo los jóvenes en la actualidad? Y lo que más me intriga a mí en los últimos días: ¿a qué vale la pena que nuestros hijos presten atención hoy en día?

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