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Reflexiones de una mamá maestra

No se trata de ganar y perder

Esta reflexión comenzó hace un par de semanas cuando mi hijo mayor estaba en su primer partido de futbol once. Los conocedores de futbol dirían que el futbol once es el «verdadero fútbol». Antes de jugar el futbol «de niños grandes», el club deportivo al que pertenece mi hijo había celebrado el primer lugar en tres campeonatos consecutivos de su categoría. A pesar de tener toda la confianza para dominar el futbol once, en aquel primer partido perdieron con un marcador de 2-0. En el medio tiempo, el entrenador les dijo claramente: «muchachos, cometimos dos errores que nos están costando el juego… si los seguimos cometiendo, seguiremos perdiendo». Las frases del entrenador aquel sábado entraron en mi corazón de mamá maestra y esposa de futbolista como el poema ¿Cómo vas a saber? de Quique Wolff.

Hay algo en el deporte y el juego que educa sobre los necesarios errores que tenemos que cometer para aprender, ganar y seguir aprendiendo. En los deportes y en los juegos, los niños aprenden a identificar sus errores y su relación con lograr el objetivo y a corregirlos, ya sea individualmente o como equipo. Perder, ya sea individualmente o como equipo, es tomado como un asunto rutinario del deportista y una motivación para mejorar las estrategias y practicar más. 

Lamentablemente, en la escuela equivocarse es el pecado capital mas grande que un niño pueda cometer. En las aulas, hay una cultura castigadora de los errores. Cuando un niño comete errores, se le castiga a través de las calificaciones o de reprimendas de los adultos y compañeros. Es una lástima, porque si prestáramos atención a los errores que cometen los niños en su proceso de aprender habilidades en la escuela, tal como se hace en los deportes, podríamos mejorar nuestra forma de enseñar y de evaluar y los estudiantes mismos podrían aprovecharlos para practicar más.

Pensemos en la definición de error. Un error es un intento de resolver algo; es una acción, pero una que ha sido desacertada. Cuando los chicos están en proceso de aprender habilidades, esas acciones desacertadas muchas veces solo son una transición hacia un nuevo nivel de aprendizaje o de habilidad. Son como una grada o un estadio hacia lograr una competencia. En términos del «verdadero futbol», un error solo es el medio tiempo y aún queda mucho por hacer antes de perder el partido. Por esa razón, en mi parecer, una forma inteligente de lograr objetivos en los niños es identificar errores más comunes que cometen y planificar las lecciones tomando en cuenta dichos errores, así como retroalimentar sobre estos tan pronto sea posible para continuar aprendiendo y evitar que los niños se estanquen en ese proceso. Trataré de darles algunos ejemplos que surgieron de investigaciones en las que participé hace unos años. 

Ejemplo 1: cuando los niños están aprendiendo a escribir, muchas veces cometen errores ortográficos.; por ejemplo, los niños escriben colejio en lugar de colegio. Estos errores no significan que el niño no ha aprendido a escribir, solamente significan que está en un estadio de continuo de aprendizaje de la lectoescritura en el que probablemente no haya conocido las reglas ortográficas de la g y j, o bien, no haya practicado escribir colegio suficientes veces. Este error en particular podría usarse por un docente para mejorar la instrucción de la g o j. 

Ejemplo 2: al aprender español, los niños maya hablantes algunas veces omiten la vocal final de palabras propias de español que terminan en vocal; por ejemplo, dicen pelot en lugar de pelota. Este error está altamente relacionado con la naturaleza de los idiomas mayas, donde no existen sonidos de vocales finales. De manera que este error no es más que una fase hacia la adquisición de un idioma al que no se ha estado expuesto y que brinda una inmensidad de información sobre enseñanza de conciencia fonológica en contextos bilingües en los grados iniciales en el país.

Lamentablemente, ambos errores mostrados en los ejemplos anteriores son fuertemente castigados en las escuelas. Centrarse en calificar errores, como los ortográficos, no solo suele desmotivar a los estudiantes, sino que puede llegar a ser motivo de burlas y discriminación, como ha sido el caso de omitir la vocal final.

Si en lugar de enfocarnos en la incompetencia, nos enfocáramos en la competencia y en la capacidad de mejorar con una mejor instrucción y práctica, entonces cuando notáramos aprovecharíamos alguna minilección para tratar el error de la j por g en la palabra colegio y otras y diseñaríamos clases de conciencia fonológica específicas para identificar el sonido de vocales finales en el español. 

Además de mejorar la instrucción, entender profundamente los errores que cometen los estudiantes en su proceso de lograr una competencia nos permite evaluar mejor dicha competencia. En el ejemplo 1, el error ortográfico puede utilizarse para discriminar a aquellos estudiantes que han dominado palabras con ortografías opacas de los que no. Por otro lado, el ejemplo 2 puede utilizarse para distinguir a los estudiantes que han logrado distinguir sonidos en palabras propias del español de los que aún no. Esta retroalimentación proveniente de una evaluación, más allá de la calificación, es invaluable para aprender. Al final del día, una evaluación debe ser una oportunidad de visualizar aquellas cuestiones en las que puedo mejorar hasta dominar un juego.

Los errores son parte importante del aprendizaje. Es en ese ensayo y error que vamos afinando nuestro entendimiento de algún concepto hasta que logramos automatizarlo. Dejemos de empeñarnos en pretender que lo sabemos todo y que los estudiantes no saben nada, dejemos de castigarlos por sus intentos de resolver algo, estudiemos sus errores a profundidad para retroalimentarlos y para enseñarles que todos podemos aprender y que todos los equipos pueden ganar el partido. Enseñémosles que, en este juego de la vida, siempre habrá segundo tiempo. Uno de mis mejores amigos me dijo una vez «que todos fuimos principiantes e iniciamos no sabiendo qué hacer». Seamos docentes que comprenden lo que conlleva aprender, retroalimentan mejor sobre los errores de los estudiantes y confían en que lo lograrán. La vida es ensayo y error, no ganar o perder.

One reply on “No se trata de ganar y perder”

Dra. Lesly, sus observaciones sobre los errores que se cometen, no sólo en el juego del fútbol, sino en todos los aspectos de la vida, y sea la persona académica o no, niño o adulto, principalmente en los aprendizajes, son muy acertadas. Y muy cierto es que el docente es quien tiene la gran oportunidad de aprovecharse de todos los errores en que caen los estudiantes para ir corrigiendo los mismos, de tal forma que se vayan aprendiendo las formas y maneras correctas de escribir, como los ejemplos que usted menciona.
Y los docentes deben comprender que los errores son de tipo intelectual o mental, no de tipo moral, en el caso de los niños y niñas, por lo que constituyen oportunidades que no deben ser perdidas para el mejoramiento de los aprendizajes, pero ¿qué pasará si el docente no se fija en los errores, como sucede en todos los niveles educativos que dan por aprobado los exámenes de lenguaje y que contienen muchas faltas ortográficas, las cuales las ignora también él?
Por esto, considero muy oportuno y valioso el contenido de su artículo, Dra. Lesly. Estoy planificando programas televisivos, por cable local, y quizá editaré una revista educativa en los que valdrá la pena publicar sus reflexiones. Felicitaciones.

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