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Reflexiones sobre evaluación

El árbitro y el entrenador

Quienes me conocen saben bien que soy una soccer mom. Mi esposo y mis tres hijos son futbolistas. Así que paso una buena parte de mi vida en los graderíos de la cancha. También, si me han acompañado durante un partido, sabrán que no simpatizo con algunos árbitros. Y creo que mi falta de simpatía hacia ellos no es casualidad. Creo que tiene muchísimo que ver con mi profesión como evaluadora y educadora.

Trataré de explicar por qué.

En un partido de fútbol infantil o juvenil hay varios actores clave: los jugadores, el entrenador, el árbitro y, en las gradas, el público (que casi siempre somos los papás).

Si nos enfocamos en el árbitro y el entrenador, notaremos que ven el juego desde ángulos opuestos:


•  El árbitro está ahí para hacer cumplir las reglas. Su autoridad se ejerce señalando faltas y sancionando con tarjetas. Para él, los jugadores simplemente cumplen o incumplen normas.


•  El entrenador está fuera de la cancha dirigiendo estratégicamente a sus jugadores para alcanzar un objetivo: crecer, mejorar y ganar. Para él, los jugadores desempeñan un papel en un plan estratégico que los llevará a dominar el partido.

Ambos están evaluando constantemente, pero con propósitos muy distintos. Uno evalúa para sancionar; el otro, para formar y avanzar en el torneo o en la categoría.

No soy la única mamá que critica al árbitro desde la grada, y casi nunca tiene que ver con el marcador. Por lo general, la frustración surge de dos cosas:

1. La inconsistencia. Aplicar las reglas de un modo en un partido y de otro totalmente distinto en el siguiente —o peor aún, aplicar la regla de forma distinta a ambos equipos en la misma cancha— es motivo de inconformidad de los padres, jugadores y entrenador hacia el árbitro.

En evaluación y psicometría, esta falta de criterio constante genera lo que llamamos error de medición. Es decir, esa variación indeseada en la que “la tarjeta”, “la falta”, la “nota” o el resultado no son consistenten y dependen del humor del árbitro (o maestro) y no de la ejecución real del joven. Lo que todo evaluador busca es, justamente, minimizar ese error de medición para ser justos.

2. El autoritarismo. Ejercer el poder de forma rígida y déspota es otro de los motivos de descontento con los árbitros.

Esta combinación de inconsistencia y autoritarismo genera un ambiente tenso en las canchas. Provoca que los chicos adopten actitudes que no favorecen su desarrollo.  Por ejemplo, frustración, miedo, irresponsabilidad y, lo peor de todo, violencia.

¿Qué pasa cuando llevamos árbitros autoritarios al aula?

Tanto árbitros como entrenadores son necesarios para formar deportistas. Sin embargo, no puedo evitar vincular esta dinámica con las malas prácticas de evaluación en las escuelas.

A veces, al evaluar a nuestros estudiantes, asumimos el rol de árbitros autoritarios y nos olvidamos por completo del de entrenadores. Nos dedicamos a buscar el error solo para sancionarlo. Exigimos un nivel de perfección para cumplir reglas como si nuestros alumnos fueran adultos profesionales, o usamos la autoridad para castigar simplemente porque nos molesta una actitud o nos frustra una falta.  Somos tan inconsistentes y punitivos en las evaluaciones de aula que nuestros estudiantes se frustran, sienten ansiedad ante los exámenes, copian y hacen cualquier cosa para «ganar» y vencer el sistema.

Me pregunto si, al evaluar a nuestros estudiantes, realmente entendemos para qué lo hacemos. ¿Evaluamos para que el alumno crezca o nos convertimos en árbitros cuyo único fin es señalar y sancionar las infracciones? ¿Evaluamos para que el alumno mejore y avance en los grados, o nos convertimos en la causa de que interrumpa su trayectoria educativa?  ¿Evaluamos para que el alumno gane o pierda el año o para que pueda hacer cosas más sofisticadas conforme avanza en los grados?

Evaluación en el aula: ¿Entrenar o arbitrar?

Los docentes debemos entender que, en las aulas, somos entrenadores y no árbitros del proceso.  Aunque certifiquemos aprendizajes mediante calificaciones, al final del día siempre estamos formando seres humanos.  A continuación, presento la diferencia entre optar por la postura del entrenador y no de árbitro al evaluar.

Uso formativo de la evaluación (El Entrenador)Uso equivocado de la evaluación (El Árbitro)
Aprovecha los errores como oportunidades para crecer y aprender.Penaliza el error de inmediato sin dar margen de aprendizaje.
Es consistente al comunicar y aplicar los criterios de calificación.Cambia las reglas o las aplica de forma inconsistente.
Comprende que los estudiantes están en formación y que equivocarse es parte del proceso.Espera ejecuciones perfectas y no tolera el error.
Brinda retroalimentación para ajustar la estrategia de aprendizaje.No ofrece oportunidades para rectificar o mejorar.
Utiliza la evaluación como una guía transparente para el progreso.Usa la autoridad para castigar e infundir miedo.

Un apunte final para los papás: El “VAR” en la escuela

En las gradas, los padres a veces nos creemos el VAR (Video Assistant Referee). En el fútbol profesional, la tecnología ayuda a corregir los errores de apreciación (medición) del árbitro.

En la escuela, los papás también deberíamos asumir un rol más activo y analítico en la evaluación de nuestros hijos; deberíamos ser el VAR que ayuda a visibilizar mejor los errores en el proceso de aprendizaje de nuestros hijos. Ante una mala calificación, no se trata de reclamar a ciegas ni de castigar en casa sin entender en qué proceso de aprendizaje está nuestro hijo. Se trata de revisar qué faltó, qué no comprendieron y cómo podemos acompañarlos para que ajusten su estrategia la próxima vez.  La mala calificación no puede quedar así: en un regaño.  Si no lo hace el docente, nosotros debemos dar el paso de retroalimentar. 

El error de medición no es lo mismo que el de aprendizaje. Los errores que cometen los jóvenes cuando están aprendiendo es el insumo principal para su desarrollo, tanto deportivo como académico. Cuando el error al aprender se retroalimenta a tiempo, se convierte en un detonante para mejorar. Por el contrario, una actitud autoritaria ignora que, para aprender, equivocarse no solo es inevitable, sino también necesario.  

A final de cuentas, tanto en el aula como en la cancha, el objetivo nunca debería ser expulsar al jugador o estudiante, sino ayudarlo a jugar y aprender mejor, tanto individualmente como en equipo. 

Disclaimer: con esta nota no es mi objetivo desmeritar el oficio de árbitro. Simplemente uso su rol como metáfora en un rol de evaluación. Sin embargo, cuando una profesion es altamente criticada como la de los docentes y árbitros, no está de más reflexionar por qué de ello. A lo mejor, hay oportunidad de mejora (reducir el eŕror de medición).

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